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Enfermedad renal crónica: cuidados, prevención y manejo



Los indicadores de salud pública a nivel mundial y nacional muestran un alarmante y progresivo aumento del número de pacientes con ERC, asociado a la elevada prevalencia de patologías como la hipertensión arterial y la diabetes mellitus. La ERC puede progresar a insuļ¬ciencia renal crónica y tiene un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad, por tanto, promover la prevención a través del diagnóstico precoz y el tratamiento oportuno de la población en riesgo permitiría detener o enlentecer la progresión del daño renal y disminuiría su morbimortalidad.

¿De qué hablamos cuando hablamos de ERC?

La enfermedad renal crónica (ERC) es el funcionamiento anormal de los riñones por más de 3 meses o la alteración estructural de los mismos.

A pesar de su prevalencia y de la existencia de estrategias de probada efectividad para su prevención y detección precoz, frecuentemente no es reconocida hasta los estadíos terminales de la enfermedad que requieren tratamiento sustitutivo o trasplante renal, con la consiguiente carga de morbilidad, deterioro de la calidad de vida, años de vida perdidos y costos crecientes.

La consecuencia de este hecho condiciona a los sistemas de salud, haciendo prácticamente imposible sostener el crecimiento en el costo de la salud que ello implica.

Autocuidado y su importancia en la ERC

El autocuidado es una parte fundamental del manejo integral de la o del paciente con ERC y puede ser entendido como las acciones que realizan las personas en el manejo de su enfermedad. Es un proceso aprendido, en el cual las personas realizan acciones sobre sí mismas, hacia los demás o hacia el entorno para regular factores que afectan su propio desarrollo y funcionamiento, en beneficio de su vida, salud o bienestar.

En atención primaria, un número menor de pacientes con nefropatía temprana alcanzan las recomendaciones de las guías de la práctica clínica de la ERC para evitar la progresión del daño renal a estadios avanzados de la enfermedad.

Un aspecto relevante es que las o los pacientes con ERC, generalmente asintomáticos, podrían tener una baja motivación para la generación de acciones de autocuidado y, en consecuencia, poca participación para la modificación de conductas de riesgo asociadas a inicio y progresión de la ERC. Además, el manejo de la ERC es un proceso complejo, que requiere la formación de capacidades en los individuos para manejar una serie de factores propios relacionados con su salud.

Se debe resaltar la importancia de la capacitación en la o el paciente, haciendo énfasis en la autonomía y la autoeficacia, afianzando la terapia a su vida cotidiana considerando la técnica adecuada, seguimiento nutricional y dietético, aporte hídrico y manejo farmacológico. Todo esto es secundario a la falta de adherencia que se observa en un gran número de pacientes.

El autocuidado abarca:

  • Manejo de funciones: o sea, la persona que padece una enfermedad crónica puede crear los mecanismos pertinentes para poder realizar las distintas actividades que forman parte de su vida: doméstica, laboral, profesional, social, recreativa u otras.
  • Manejo de emociones: generalmente asociadas a las afecciones crónicas, tales como la incertidumbre, el miedo, la depresión, la ira y el estrés.
  • Manejo médico: (una preocupación primaria de proveedoras y proveedores del cuidado de salud), que contempla el manejo por el propio paciente de manifestaciones clínicas como el dolor crónico, la fatiga, la falta de aire y otras, así como de aparatos de automonitoreo, uso adecuado de fármacos (una óptima adherencia con los conocimientos sobre sus efectos adversos e interacciones medicamentosas) y otras acciones.

¿Cuáles son los factores de riesgo para desarrollar ERC?

Los clínicos deben estar particularmente atentos a este riesgo al evaluar 5 grupos de pacientes:

1) Pacientes con hipertensión arterial.
2) Pacientes diabéticos.
3) Pacientes mayores de 60 años.
4) Pacientes con enfermedad cardiovascular.
5) Familiares de pacientes en diálisis o que han recibido un trasplante renal.

En las personas con factores de riesgo debe aplicarse el mayor esfuerzo por detectar precozmente ERC, lo que se hace habitualmente en el nivel de atención primaria, mediante 3 pruebas simples: 1) Tomar la presión arterial, 2) Búsqueda de proteinuria/albuminuria en orina aislada, y 3) Estimación de la función renal, a partir de la creatinina plasmática, edad y sexo.

¿Cómo se mide la función de los riñones?

Con los valores de creatinina se calcula el índice de filtración glomerular o filtrado glomerular (FG). El FG normal es de 80 a 120 ml/minuto. A medida que envejecemos, el filtrado glomerular disminuye. Un FG menor de 60 ml/minuto quiere decir que sus riñones no están funcionando adecuadamente.

La médica o el médico puede usar el FG como un indicador para determinar el correcto funcionamiento de los riñones, y si existe una alteración en su función, luego estudiar la causa que provocó la insuficiencia renal. Determinar la patología permite poder indicar el tratamiento adecuado para evitar el avance de la enfermedad y controlar la hipertensión arterial y la diabetes (si esta fuera la causa).

Nutrición en la Enfermedad Renal Crónica

Dentro de las medidas higiénico-dietéticas, el asesoramiento nutricional debe ser la primera recomendación a la o a el paciente. Los cuidados dietéticos siempre se han considerado importantes en la enfermedad renal crónica (ERC), tanto como medida renoprotectora antiproteinúrica en la etapa prediálisis como para prevenir el sobrepeso y la desnutrición en todos los estadios, especialmente esta última en los pacientes en diálisis. La primera premisa es garantizar un adecuado aporte calórico, proteico y mineral. Nunca el precio a pagar por una dieta presuntamente adecuada debe ser una nutrición insuficiente.

Dado que a menudo se recomienda a las personas con enfermedad renal limitar la ingesta de potasio, fósforo, sal y líquidos, la preparación de la comida se debe adaptar a la o a el paciente y su familia. Algunos consejos e ideas simples incluyen el uso de más especias y hierbas en cada comida, en reemplazo de la sal. También puede intentar preparar comidas ā€œsolo para ustedā€ y que cada miembro de la familia pueda agregar ingredientes a su propio plato.

Inmiscuir a la familia en esta situación es muy positivo, ya que la persona enferma sentirá el apoyo en una situación que afronta en solitud, que no solo la afectará a la hora del tratamiento, sino que en su domicilio continuará con la instauración de una dieta adecuada a la diálisis, una toma de medicación correcta y una estabilidad emocional que será contenida por la familia, dado que la o el paciente presentará cambios de humor e incluso de carácter -en algunos casos- o inadecuación a la nueva situación en su vida.

Además de recomendar la abstinencia de los hábitos tóxicos y la actividad física acorde, prevenir el déficit nutricional y el control del sobrepeso deben ser pautas prioritarias. Esta última, cada día cobra más relevancia para prevenir la progresión del síndrome metabólico que tiene lugar en una proporción importante de pacientes con ERC.

Alentemos a evitar modelos dietéticos estrictos e individualizar una relajación juiciosa de las recomendaciones en un mundo en el cual los placeres culinarios tienen un fuerte impacto en la calidad de vida.




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